El ser humano fue concebido para estar acompañado. Así, la vida en la juventud, la adultez o la vejez, es más placentera teniendo a seres queridos a nuestro lado. Pero cuando se trata de elección o porque no hay alternativas, vivir solo o en pareja, indudablemente incide no solo en los hábitos cotidianos, sino también en la economía doméstica.

Muchas son las causas por las que personas llegan a vivir solas a lo largo de sus vidas. Ruptura, independencia o fallecimiento de la pareja, son algunas de las razones. Lo cierto del caso es que, según datos arrojados en 2018 por la Encuesta Continua de Hogares publicada por el INE, 4.687.400 personas en España viven solas, lo que representa el 25,4% del total de los hogares. De estas, 1.960.900 tienen 65 años o más, lo que supone un 41,8% de este total.

La tendencia a vivir solo o acompañado también depende del sexo y la edad; los hombres, por ejemplo, son viven en su mayoría solos hasta los 65 años, pero hay más mujeres a partir de esa edad que lo hacen. En el caso de los hombres, además, los hogares unipersonales están formados por solteros, mientras que, en los hogares de las mujeres, se conforman por viudas.

Cualquiera sea el motivo de esta elección, habitar viviendas unipersonales es un fenómeno muy común en España en los últimos años. Ahora bien, sin supeditarse a hábitos o modas, qué es mejor para ti, ¿vivir solo o en pareja?

 

Cuentas en la economía doméstica: vivir en pareja sale más a cuenta

 

Sin duda, y tal como lo afirma el profesor de Antropología Económica de la UNED, José Daniel García Fraga, es más barato vivir en pareja que solo, pero ello solo depende de la cantidad de ingresos que se perciban o del lugar de habitación. Valdría suponer que “la vida en pareja facilita el ahorro porque abarata los costes y los gastos, considerando que ambos miembros de la pareja tengan unos ingresos o un salario estable”, dice.

Entonces, vivir en pareja, dará la percepción de que el gasto se verá reducido. Aunque considera que es muy difícil calcular cuándo significa el ahorro entre escoger un modo de vida u otro, García Fraga confirma que ello sin duda dependerá de las conductas de consumo y de la ciudad donde se habite Al respecto comenta, “la vida en pareja te permite un ahorro con respecto a vivir solo de un 30% o incluso algo más, contando con una contabilidad del hogar que no se deje llevar por un consumo compulsivo”.

Otro factor que permite ahorrar a quienes deciden vivir en pareja, además de dividir los gastos por dos, es que las cadenas de supermercados orientan sus productos alimenticios, productos de higiene o de limpieza del hogar, a familias o grupos familiares, más que a los solteros.  Esto indica que comprar en estas proporciones hará que muy probablemente, el usuario termine desechando productos o alimentos porque han caducado o porque no puede consumir tantas cantidades en un periodo de tiempo, explica el profesor.

 

Mejor acompañado que solo

 

Resulta curioso pero la crisis -no siendo la única causa-, disminuyó las separaciones o divorcios en España. Los motivos económicos fueron definitivamente el freno, y es que en momentos como esos se dificulta el hecho de vivir en solitario, más aún si “uno de los miembros de la pareja ve reducidos sus ingresos”, asegura García Fraga.

La compra de alimentos, aseo personal y del hogar afecta el bolsillo de los solteros, sino que también lo hacen las hipotecas y así lo confirma Casaktua.com, que indica que la compra de una vivienda supone para una persona soltera, un 25% de sus ingresos. A ello se añade que los requisitos que solicitan las entidades bancarias para financiar el crédito, son cada vez más limitativos. Bastaría solo tener ingresos fuertes, estables y suficientes, para que la garantía de pago se reduzca a la mitad.

Por ejemplo, vivir en Castilla, La Mancha y La Rioja queda de madre pues los solteros tienen mayores facilidades de adquirir vivienda, destinando al pago de la hipoteca tan solo el 17% de sus ingresos. Por el contrario, residir en Madrid, Baleares o Cataluña, implica que las condiciones no sean tan asequibles.

Cuentas en la economía doméstica: ¿solo o en pareja?
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